No basta hablar de diversidad, hablemos de inclusión

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Por Sandra Guazzotti, Gerente General de Oracle Chile.

 

Hay estudios irrefutables que hablan de los Gerente General de Oracle Chile beneficios de las políticas de diversidad de género en la economía. De hecho, según Mckinsey, cada aumento del 1% en la diversidad de género se traduce en un crecimiento del 3% en las ventas y el aumento del 10% da como resultado un incremento del 3.5% en las ganancias de una empresa.

 

Sin embargo, a pesar de las numerosas pruebas y el hecho de que ha habido un progreso significativo en este tema, las mujeres aún no logramos igualdad de derechos. Incluso, los economistas estiman que estamos a 217 años de la plena igualdad de género. Entonces, ¿cómo aceleramos la velocidad a la que necesitamos avanzar? En mi opinión, debemos cambiar la narrativa en tres aspectos claves.

 

Primero, hemos hecho de la equidad de género un problema de la mujer, aunque afecta a todos. No podemos lograr la equidad de género sin el apoyo de los hombres que también son parte afectada. A modo de ejemplo, cada vez son más los que quieren tener derecho a un posnatal o dedicarse a ser padres de tiempo completo, pero el mundo todavía no es muy acogedor ni respetuoso con los hombres que se dedican al cuidado del hogar. Tenemos que intensificar y crear una nueva narrativa sobre la igualdad de género que incluya a hombres y mujeres y que mejore los resultados para todos.

 

Segundo, las mujeres enfrentamos enormes barreras institucionales y aún sufrimos de estereotipos que no deberían existir. Es común que sobreestimemos las habilidades de nuestros hijos e hijas, por eso, necesitamos romper las limitaciones impuestas por los estereotipos y realmente alentar a las niñas y mujeres a ser líderes y perseguir carreras en cualquier campo.

 

Tercero, no solo debemos abordar el tema de la diversidad de género, sino que también promover la inclusión. Ésta se logra cuando las personas sienten que los demás valoran su ser único y auténtico, al mismo tiempo que tienen un sentido de pertenencia a un grupo. En su punto más alto, la inclusión se expresa como sentirse “seguro” para hablar sin temor a la vergüenza o la represalia.

 

La invitación es a cambiar drásticamente nuestra narrativa a una en la que hombres y mujeres nos convirtamos en agentes de cambio, validemos las habilidades de las niñas a temprana edad, empoderándolas y reforzando su autoestima y confianza. Promoviendo la inclusión, no solo la diversidad. Solo de esa forma podemos contribuir a que la tan anhelada igualdad no tarde 217 años.

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